Una muerte cada 22 horas: el país que aprende a “no meterse”

Una muerte cada 22 horas: el país que aprende a “no meterse”

A veces se me escapa una frase como si fuera una salida segura: “Mejor no te metas”. La he dicho, y la he escuchado, cuando una pared discute en la calle y intuimos que puede terminar en violencia, cuando escuchamos gritos y golpes de la casa de alado o cuando vemos a una mujer con marcas de golpes.

Esa distancia, que parece pequeña, es parte del problema. Porque aquí no hablamos de “daños colaterales” ni de casos aislados. Hablamos de mujeres y niñas asesinadas y de una sociedad que, por cansancio o por miedo, aprende a mirar a otro lado justo cuando más debería mirar de frente.

Fotos: Montse Carishina

En Ecuador se registraron 349 femicidios entre el 1 de enero y el 15 de noviembre de 2025, según el Mapa de Femicidios de la Alianza Feminista para el Mapeo de los Femicidios y Fundación ALDEA. Convertido en tiempo: una mujer o niña asesinada cada 22 horas.

Causas y factores del problema: femicidios en Ecuador 2025

El incremento se explica por una combinación de factores. Por un lado, la expansión de la violencia armada y de estructuras criminales cambia los escenarios de riesgo y eleva la letalidad. Además, la respuesta estatal suele enfrentar límites de capacidad: investigación, protección efectiva y seguimiento de medidas requieren recursos, coordinación y presencia territorial sostenida. Sin embargo, también persisten causas estructurales previas: desigualdad, normalización de la violencia machista y barreras para denunciar (miedo, dependencia económica, desconfianza institucional).

Fotos: Montse Carishina

Qué podemos hacer como sociedad: acciones cotidianas que sí ayudan

No todo se resuelve con “buenas intenciones”, pero la vida diaria sí puede abrir puertas en vez de cerrarlas. Algunas acciones concretas, realistas y verificables:

  • Cambiar la frase: reemplazar “mejor no te metas” por “¿estás segura? ¿quieres que te acompañe?”. Parece mínimo, pero abre una salida.ç
  • Creer sin exigir pruebas inmediatas: si alguien dice “tengo miedo”, el primer paso es tomarlo en serio, no debatir si “exagera”.
  • Acompañar, no solo aconsejar: ofrecer ir juntas a denunciar, a un centro de salud o a pedir medidas de protección. El costo de hacerlo sola suele ser mayor.
  • Hacer “red”: acordar con amigas/vecinas una palabra clave para pedir ayuda, turnos de acompañamiento, contactos de emergencia, rutas seguras.
  • No encubrir la violencia: si en el grupo de amigos alguien controla, amenaza o humilla, no normalizarlo. Poner límites, cortar complicidades, intervenir sin exponerse de forma temeraria.

Debemos comprender que la violencia extrema no empieza con el disparo: empieza cuando la comunidad aprende a callar. Cuando “no te metas” se vuelve costumbre, la impunidad gana tiempo. Lo mínimo, y lo urgente, es romper esa frase: acompañar, creer, activar una red y exigir respuesta pública. Porque cada cifra tiene nombre, y cada silencio también deja una marca.


Fuentes:

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