En Ecuador, tres de cada diez mujeres con cáncer de mama son diagnosticadas en etapas avanzadas, lo que incrementa su riesgo de muerte. La campaña “El lazo rosa, no es tan rosa” impulsa la detección temprana y advierte sobre la falta de acceso a tratamientos. Expertos exigen políticas públicas urgentes y más equidad en el sistema de salud.

El cáncer de mama es la principal causa de muerte oncológica en mujeres a nivel global, y Ecuador no es la excepción. En el país, alrededor de 4,000 nuevos casos son detectados cada año, según cifras médicas. Aunque la medicina ha avanzado, el problema radica en que muchas pacientes llegan al sistema de salud cuando el cáncer ya está en etapa avanzada. Este fenómeno responde a múltiples factores: desconocimiento, falta de controles regulares, barreras de acceso y desigualdad en los servicios de salud. La campaña “El lazo rosa, no es tan rosa”, liderada por la Asociación Jóvenes Contra el Cáncer, pretende romper el silencio y crear conciencia sobre esta grave problemática. La clave, señalan sus promotores, es la detección temprana, acompañada de una red de apoyo médico, institucional y social.
La campaña ha destapado una dolorosa realidad: muchas mujeres no tienen acceso a información ni exámenes periódicos. Las autoexploraciones, mamografías y chequeos preventivos siguen siendo prácticas poco frecuentes, especialmente en sectores rurales o de bajos recursos. El lema “El lazo rosa, no es tan rosa” busca cambiar la narrativa, mostrando que más allá del símbolo hay historias de dolor, lucha y falta de oportunidades médicas. Esta situación no es solo sanitaria, también es social y de género, ya que muchas mujeres postergan su salud por responsabilidades familiares o económicas.
Impacto en la vida de las mujeres
El diagnóstico tardío tiene consecuencias devastadoras. Según la doctora Andrea Portalanza, estas pacientes tienen un 7% más de riesgo de fallecer, además de enfrentar tratamientos más agresivos y menos efectivos. A esto se suma que el 20% de las mujeres no accede a terapias innovadoras, lo que profundiza la brecha entre quienes pueden pagar tratamientos avanzados y quienes dependen exclusivamente del sistema público. El impacto emocional y económico en las familias es alto, afectando su calidad de vida.
La doctora Portalanza y otras voces expertas han solicitado al Estado ecuatoriano implementar estrategias de prevención, crear centros especializados y garantizar el acceso a tratamientos. La campaña también impulsa alianzas entre el sector público, privado y organizaciones sociales para ampliar la cobertura. Se plantea la necesidad de una política nacional enfocada en salud femenina, con recursos destinados a mamografías gratuitas, educación preventiva y formación médica especializada. También se busca cerrar la brecha en innovación médica para quienes no tienen cobertura privada.
Andrea Portalanza, médica especialista en oncología, advierte que “cada año se detectan cerca de 4,000 nuevos casos de cáncer de mama en Ecuador y el 30% de ellos son tardíos, lo que aumenta significativamente el riesgo de fallecimiento”. Además, indica que el 20% de las pacientes no acceden a tratamientos modernos, lo que reduce sus probabilidades de recuperación. La Asociación Jóvenes Contra el Cáncer, promotora de la campaña, denuncia que el sistema de salud aún no responde con equidad a las necesidades femeninas. Diversos estudios en América Latina muestran que los programas de detección temprana pueden reducir la mortalidad hasta en un 40%, si se aplican correctamente.

El llamado de atención ha generado eco en colectivos feministas, médicos y ciudadanos que exigen políticas con enfoque de género y mayor inversión en salud preventiva. Mientras tanto, representantes del sistema de salud han señalado que existen planes de fortalecimiento, pero que requieren presupuesto y coordinación interinstitucional. El debate gira en torno a la urgencia de actuar versus la lentitud de la burocracia. A corto plazo, se espera que el Ministerio de Salud anuncie nuevas directrices sobre campañas de detección, pero aún no hay plazos claros. Lo que sí es evidente es que la presión social y el avance de la enfermedad no permiten más demoras. El futuro de miles de mujeres depende de acciones concretas en los próximos meses.












