Vicente Paredes, artesano del “Palacio de la Careta” en Quito, ha convertido su oficio en una forma de mantener viva la tradición ecuatoriana de despedir el año con arte, memoria y fuego.
Cada fin de año, las calles del Ecuador se llenan de fuego, risas, rituales y monigotes que arden en medio de la medianoche. Pero antes de ser quemados, esos muñecos, conocidos como “Años Viejos”, reciben un rostro, y con él, una historia. Detrás de esas caretas está Vicente Paredes, un peluquero de formación que se convirtió, casi sin darse cuenta, en uno de los referentes culturales más importantes de esta tradición popular.

Desde su taller “Palacio de la Careta”, ubicado en Quito, Vicente lleva más de cinco décadas dando forma a rostros de personajes públicos, caricaturas, figuras míticas o íconos del año que termina. Primero lo hizo con cartón, sin ninguna formación artística previa, aprendiendo por sí mismo. Luego, al conocer el látex, dio un paso más: creó caretas de caucho que hoy se venden en todo el país y llegan incluso a manos de ecuatorianos migrantes en Estados Unidos y Europa.
La historia de Vicente también es la de la resiliencia. Durante la pandemia, su taller casi desaparece, pero los pedidos de sus clientes lo ayudaron a volver. Hoy sigue moldeando caretas, manos, pies, narices y todo tipo de accesorios que animan las celebraciones. Aunque cree que las caretas de cartón desaparecerán pronto, reemplazadas por monigotes completamente modelados, él sigue apostando por lo artesanal, lo hecho a mano y lo que conecta con la memoria.

En estas fechas, las caretas más vendidas son, como siempre, las de políticos. Pero más allá de la sátira o el humor, Vicente ve en cada rostro una forma de liberar lo vivido, cerrar ciclos y abrir caminos. Las “viudas” —hombres disfrazados de mujeres que lloran al monigote y piden limosna como parte de la tradición—, las carcajadas y las quemas en la calle, forman parte de un rito que sigue vivo gracias a artesanos como él.
Vicente Paredes no solo crea máscaras. A través de ellas, contribuye a que cada 31 de diciembre el país recuerde, se ría, se despida y se prepare para lo nuevo.

Leave a Reply