La Feria de Alasitas se celebrará este 24 de enero en La Paz, combinando espiritualidad andina, simbolismo religioso y tradición cultural. Miles de personas adquirirán miniaturas con fe, con la esperanza de que sus deseos se cumplan durante el año. Más allá de lo comercial, Alasitas sigue siendo un ritual vivo en el corazón de Bolivia.
La Feria de Alasitas tiene raíces precolombinas ligadas al pueblo aymara. Su figura central es el Ekeko, dios de la abundancia, a quien se entregan objetos en miniatura para atraer prosperidad. Aunque hoy convive con elementos católicos, la feria conserva una fuerte carga espiritual y simbólica.
Desde 2017, Alasitas es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La tradición de comprar deseos en miniatura, bendecirlos con rituales y esperar su cumplimiento se ha mantenido vigente en espacios urbanos, demostrando la resistencia de las creencias originarias frente a la modernidad.

Miniaturas con fe: expresión de deseos
Cada objeto vendido en Alasitas representa un anhelo: una casa, salud, dinero, amor o educación. El ritual de la ch’alla, con hojas de coca, alcohol y sahumerios, bendice las miniaturas. Aunque algunos lo ven como folclore, para muchos es un acto espiritual profundo, que combina religión, sincretismo y cosmovisión andina.

Cultura y tradición viva en La Paz
La feria moviliza miles de personas y reafirma la identidad cultural paceña. Talleres, danzas originarias y ferias paralelas permiten a niños, jóvenes y adultos conectarse con su herencia ancestral. Es también una vitrina para el arte popular y los saberes indígenas, que encuentran en las Alasitas un espacio para su preservación.
Ruth Nina, socióloga especializada en religiosidad andina, explica: “Las Alasitas son un acto de fe colectiva que dialoga con lo ancestral y lo contemporáneo”.
La Alcaldía paceña estima más de 2.000 expositores y más de 150.000 visitantes este 2026. La feria contará con más de 10 espacios temáticos, desde gastronomía hasta medicina tradicional. La UNESCO ha señalado que las Alasitas representan una de las expresiones vivas más complejas del patrimonio simbólico andino.

Mientras algunos celebran la permanencia del ritual, otros temen su “folclorización” y pérdida de sentido frente al mercado. Artesanos tradicionales denuncian la invasión de productos importados que no respetan la estética ni el simbolismo original.
Frente a este desafío, se anuncian medidas educativas y culturales que promuevan la transmisión intergeneracional del conocimiento ancestral. En los próximos meses, se evaluará una propuesta de registro oficial para los artesanos y de protección legal de los elementos sagrados de la feria.

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