La tienda de la esquina ya no está. Cerró. Como otras tantas, fue desplazada por un local más grande, con más luz, precios bajos… y menos nombres propios. En Ecuador, cadenas como Mini Comisariato, Tía Go, Aki Vecino, TuTi y ahora B‑Sí —del Grupo La Favorita— están transformando el tejido comercial de los barrios. ¿Pero qué más se lleva ese cambio, además de las ventas?
La expansión de minimarkets no es nueva, pero ahora avanza con mayor rapidez. En menos de una década, marcas como Mini Comisariato, Tía Go y Aki Vecino comenzaron a instalar locales pequeños en zonas residenciales. Prometían conveniencia, buenos precios y cercanía. En su momento, fueron vistos como una alternativa.
Pero en los últimos dos años, esta estrategia se ha intensificado. Dos actores están liderando la nueva ola: TuTi, una marca independiente que ya supera los 150 locales, y B‑Sí, una propuesta del poderoso Grupo La Favorita, que desembarcó en 2025 con fuerza en barrios urbanos y periféricos.
Ambos apuestan por una fórmula conocida: productos de alto consumo, bajo precio, logística eficiente y presencia constante. Pero ese crecimiento no ocurre en el vacío: se superpone con un ecosistema comercial que ya existía y que ahora se ve amenazado.
Estas cadenas no solo venden productos. Redibujan el mapa cotidiano del consumo. Y al hacerlo, están dejando fuera a miles de familias que dependen de sus pequeños negocios. ¿Cuántos locales más deben cerrar para que el fenómeno se convierta en prioridad pública?

Brecha y población afectada
El crecimiento de estos minimarkets afecta directamente a tiendas de barrio, bodegas y pequeños negocios familiares, que cumplen funciones económicas y sociales esenciales: brindan fiado, empleo directo, conocimiento del cliente y redes comunitarias. Según estimaciones de la Red Ecuatoriana de Economía Popular y Solidaria (REEPS), estos micronegocios representan entre el 40 % y el 60 % del comercio minorista en sectores populares, y sostienen el ingreso de más de 500,000 familias.
Los micronegocios no pueden igualar la maquinaria logística ni los precios de las cadenas. Pero ofrecen algo que las grandes marcas aún no pueden replicar: la confianza de fiar hasta fin de mes, el consejo de la vecina que conoce tus compras, el “gracias” que no necesita ticket. ¿Qué perdemos realmente cuando cierra una tienda del barrio?
A nivel social, se debilitan también las relaciones de confianza, el sentido de comunidad y la economía popular que han sostenido barrios durante décadas. Como relató una comerciante del sur de Quito: «Desde que abrieron el Tía Go a dos cuadras, mis ventas bajaron casi a la mitad. La gente va porque todo está más barato, pero ya no fían ni conversan. Perdimos algo más que clientes».

Causas y factores del problema
Este fenómeno se explica por varios factores estructurales:
- Capacidad financiera y escala: las cadenas acceden a crédito, importaciones directas y abastecimiento centralizado. Esto les permite ofrecer precios bajos y mayor variedad. En el caso de B‑Sí, el respaldo del Grupo La Favorita incluye infraestructura propia de distribución y poder de negociación con proveedores.
- Falta de regulación comercial: no existen restricciones por densidad o zona para abrir nuevos locales de grandes marcas. Municipios otorgan permisos sin evaluación del impacto en el comercio local.
- Cambio en el consumo: las familias priorizan conveniencia y precios bajos, sin considerar el impacto en la economía barrial. Sin embargo, estudios internacionales (como el publicado en The Review of Economic Studies, 2023) alertan que cada nueva tienda de cadena puede reducir entre un 10 % y 25 % la facturación de negocios locales en un radio de 500 metros.
Mientras las cadenas avanzan, los pequeños negocios enfrentan alquileres altos, inseguridad, informalidad y exclusión del sistema financiero. Como afirmó un representante de la Asociación de Comerciantes Minoristas del Ecuador: «Las cadenas reciben créditos, logística, permisos rápidos. Nosotros no tenemos ni cómo acceder a un préstamo sin garantías».
Respuesta: medidas, qué funciona y qué falta
No existen en Ecuador políticas públicas activas que regulen la expansión de cadenas minoristas o protejan de forma específica a las tiendas de barrio.
Algunas asociaciones de comerciantes han propuesto:
- incentivos fiscales para negocios de barrio,
- líneas de crédito accesibles,
- compras públicas a micronegocios,
- y una moratoria de licencias para cadenas en zonas ya saturadas.
Sin embargo, estas propuestas no han sido consideradas oficialmente por municipios ni por el Gobierno central. Al principio, las cadenas prometen orden, surtido y precios bajos. Pero cuando ya no hay competencia real, los precios comienzan a subir. Lo que parecía eficiencia se convierte en dependencia. ¿Quién fija entonces el precio del arroz o el aceite en tu barrio?

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